Segunda carta de un Maestro Masón cubano al presidente de los Estados Unidos
Estimado señor Donald John
Trump, Presidente de los Estados Unidos de América:
No es la primera vez que me dirijo a un presidente de los Estados Unidos. Ya lo hice durante su primer mandato (2017-2021), cuando la inmigración ocupaba titulares y las fronteras marcaban la agenda política. Hoy vuelvo a tomar la palabra por una razón más profunda y personal: Cuba. Mi país.
Ese mismo país que, en su segundo mandato, ha sido elevado a símbolo y bandera de libertad. Y cuando una nación se convierte en consigna, merece algo más que consignas: merece palabras claras, memoria y verdad.
Mientras el mundo aún ardía en guerra, George Orwell lanzó una advertencia que no ha perdido vigencia «La historia la escriben los vencedores». No era una frase elegante, sino una constatación incómoda. Quien vence no solo ocupa territorios; también se apropia del relato. Decide qué se recuerda y qué se borra. Ocho décadas después, esa lógica sigue intacta. Gobiernos de todo el mundo reescriben su pasado como si fuera un perfil en redes sociales: eliminan lo incómodo, maquillan errores y fabrican memorias colectivas a medida para sostener el poder.
En ese contexto, conviene recordar un capítulo poco citado de la independencia de Estados Unidos, uno en el que Cuba tuvo un papel decisivo.
- George Washington primer Presidente de los Estados Unidos y francmasón desde 1752 mantuvo una estrecha amistad con Juan de Miralles y Trayllon comerciante español establecido en la Habana. Gracias a esa amistad el Primer Congreso Continental en Filadelfia (5-09-1774) decidió que el comercio de las Trece Colonias se canalizara a través la Habana. Permitiendo la llegada de ayuda española a las Trece Colonias, como los Spanish milled dollars emitidos en Filadelfia en 1776, que garantizaban al portador recibir cuatro reales de a 8 españoles, o su valor equivalente en oro o plata.
- La actividad de Juan de Miralles, consiguió con el apoyo de comerciantes cubanos, aportar para la causa de Washington importantes cantidades de dinero equivalente a cientos de millones actuales, recursos que nunca fueron restituidos.
- Bernardo de Gálvez de origen malagueño, gobernador de la Luisiana española en 1776 y en 1785 ocupó el cargo de 49º Virrey de Nueva España. Gálvez lideró el Batallón de Pardos y Morenos Libres de Cuba cuya participación fue esencial en las campañas del sur. Esta fuerza zarpó del puerto de La Habana el 28-02-1781 a bordo del bergantín Galveston, desembarcando en la isla de Santa Rosa, punto estratégico desde el que se iniciaron las operaciones que culminarían con la toma de Pensacola.
- El Batallón de Pardos y Morenos Libres de Cuba unidad militar integrada por hombres libres de ascendencia africana y mestiza de La Habana-Cuba. Esta milicia surge en 1762 tras la toma de La Habana por los británicos hasta su desactivación en 1868, su participación en 1781 la Batalla de Pensacola fue crucial para alcanzar la victoria pues, bajo el fuego de artillería, liberaron las cargas sin retroceder allí donde el ejército regular dudó.
Señor Presidente Donald John Trump, la independencia de Estados Unidos no se entiende sin la intervención española, y sin la participación de aquellos soldados negros libres procedentes de Cuba. Por eso la historia no es blanca, ni limpia, ni simple.
A 245 años de la Batalla de Pensacola, conviene recordar una verdad que incomoda a muchos: también hubo sangre cubana en el nacimiento de la Independencia de los Estados Unidos.
Cualquier gesto del gobierno estadounidense en favor del pueblo cubano no debe leerse como caridad ni concesión, sino como memoria y responsabilidad histórica. Porque una parte de la libertad que hoy disfrutan fue pagada con oro, pólvora y sangre procedentes de Cuba.
” La independencia de Estados Unidos se ganó en español con piel negra cubana. Decirlo cuesta, reconocerlo aún más”
Es cuanto se ha de decir.
Marino de Armas :. 33º
