
10 de mayo de 2010
CARTA DE UN MASÓN A SU HIJO

Hijo mío:
Cuando ya no me cuentes - como todavía lo haces – tus travesuras y tus detalles personales; cuando ya no te de miedo la oscuridad y abras, por fin, las páginas de esos libros desconocidos que hoy apenas miras, tal vez mal acomodados, en nuestra modesta biblioteca; cuando seas mayor, acércate a esos señores que ahora te parecen extraños y un tanto misteriosos, y que, si no te infunden desagrado, quizá te merecen solo cierta indiferencia.
Busca esas personas que a menudo, o me llaman o me visitan, y con quienes comparto unas horas, cada semana, cuando me ves llegar un poco más tarde a casa. Sí, busca a esos hombres a quienes la sociedad identifica como "los masones" y que yo llamo, orgullosamente: "mis hermanos". Tanto los has visto y escuchado, que seguramente ya los conoces a todos. La mayoría son jóvenes; algunos, hombres ya maduros y otros más lucen sus testas coronadas por el blanco de las canas, como algunas montañas muestran sus cimas, cubiertas por el blanco de las nieves.
Pero todos me permitieron beber en la fuente de su sabiduría. Todos por igual me abrieron su pecho como se abre un cesto para recibir las confidencias, los goces, las penas, los proyectos y las ilusiones del amigo mejor. Sí, acércate a ellos no importa cuan largo sea el camino que tengas que recorrer, ni cuantos los obstáculos que hayas de vencer. Decídete a buscarlos y el SUPREMO HACEDOR te mostrará el sendero.
Y cuando conozcas qué hacen, cómo piensan y qué pretenden (siempre que tu espíritu quede satisfecho y halladas todas tus inquietudes) únete a ellos y síguelos. Pero si después de analizar sus principios continúan sin respuesta todas tus dudas, entonces hijo mío, sepárate de su camino con decencia de hombre bien nacido.
Si para entonces aún vivo, aplaudiré tu decisión cualquiera que haya sido. La aceptaré, porque habrás estudiado antes de definir y porque analizaste para poder escoger, es decir, que habrás decidido por ti mismo, después de razonar. Y si ya no vivo, hijo mío, pediré al GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO que adorne tu vida con los atributos que siempre busqué para ti y que Masón o no, el mundo te reconozca como un hombre honesto, virtuoso, justo, respetuoso, opuesto a todo género de opresión y con un profundo amor por la humanidad.
( Tomado de la web http://www.granlogandes.org/)
2 de mayo de 2010
EL DEBER Y LA SATISFACCIÓN, DE UN MASÓN
Monumento en honor a Emilio Castelar en Madrid, obra de Mariano Benlliure; ambos fueron masones.
"La muerte no es verdad, cuando se ha cumplido bien la obra de la vida"
"Hasta después de muertos somos útiles, por eso escribo"
Estas citas, fueron pronunciadas por quien cultivaba una rosa blanca hasta para el cruel que el corazón le arrancaba. Cuanta dignidad e increíble fuerza, al protestar ante quien lo pone en lo oscuro, a morir como un traidor. Hablamos de un hombre que dedico su vida, su pensamiento y acción; al bienestar, progreso y la libertad de los pueblos. Quien fuese escritor, poeta y también Masón; hablamos de José Julián Martí y Pérez, grado 18º del REAA.•., con nombre simbólico: Anahuac, maestro masón de la Respetable Logia Caballeros Cruzados Nº 62, en los Valles de Madrid al oriente de España, Hijo de doña Leonor Pérez Cabrera originaria de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias.
En varias sesiones (tenidas, reuniones) masónicas preguntamos con aparentemente ingenuidad y algo fácil de responder: ¿Cuál es el mayor premio, rango o medalla; que puede recibir un buen masón? Las respuestas son siempre, semejantes: "Haber sido nombrado miembro de honor", "Haber cumplido 25, 50 o mas años como masón activo", "Ser garante de amistad", "Ocupar un cargo elevado dentro de la institución, para poder lucir caras regalías", etc... ¿Por qué son semejantes? Porque todas se rigen por el mismo patrón; son premios que recibimos de seres humanos, o son premios que creemos merecer por antigüedad. Aunque no cabe duda que los reconocimientos y los estímulos, ayudan al ser humano al reconocerle su labor(2).
¿Cuál es el mayor premio, rango o distinción que puede recibir un masón? Existe una gran diferencia entre los mencionados con anterioridad, aunque extraordinarios se apartan de la esencia por su vinculo a lo material; hablamos del premio espiritual que regala el G:.A:.D:.U:. al verdadero masón. Esta dádiva la hemos sentido casi todos los masones una que otra vez; a diario nos apartamos de las miserias humanas y nos sentimientos egoístas, cuando deberíamos practicar la caridad y altruismo, labor para la cual la masonería fue fundada. “No existe premio mayor en el alma, que cuando se cumple con el deber”.
Esa tranquilidad de consciencia que se experimenta cuando se actúa con justicia, con honor y valor; siendo capaz de renunciar a cualquier privilegio o interés de índole personal que conlleve a la deshonra, o manche nuestra dignidad como Hombre y como Masón; poniendo los intereses de la masonería primero, a costa incluso de criticas, burlas y ataques que obviamente no tienen nada de masónico ese es: “El mayor premio que puede recibir un buen masón, es la satisfacción de serlo”.
En los buenos masones no cabe el egoísmo pero sí un mundo lleno de justicia, tolerancia, comprensión. El buen masón no debe hacer alarde de su inteligencia y menos pretendiendo inferiorizar a sus Hermanos, debe contribuir a enriquecer el intelecto del prójimo. El buen masón atendiendo al grueso de su cartera, posición social, política o país de procedencia no mira por encima del hombro a sus Hermanos, considerándolos apartados de su elitismo personal. El verdadero masón, debe afrontar su condición con la seriedad y responsabilidad que caracteriza a un buen obrero, similar a las abejas de una colmena; alejándose del protagonismo, del egoísmo, y de todo lo que pueda contaminarlo con un sentimiento no compatible al que debe tener un masón; el bien de la humanidad, apartándose del vicio, combatiendo la ignorancia y desenmascarando al farsante. El buen masón critica a un hermano de frente para ayudarlo, no a sus espaldas para perjudicarlo. El buen masón sabe que la verdad no muere jamás, por ello el francmasón y la mentira son enemigos irreconciliables, cuando nos reconocen como verdaderos masones nuestros hermanos no se muere, sigues vivo en el corazón de ellos.
Los masones no incluyen en sus temas la política ni la religión, la masonería no es política, la masonería no es religión. En la masonería no existen títulos o contrastes sociales, no existen rangos o diferencias de clases, no existen dirigentes o lideres partidistas. Se tratan entre si como venerables hermanos, todo maestro masón es responsable de sus actos, por eso a los masones se les distingue exclusivamente por sus meritos. Es por lo que el buen masón siempre debe buscar lo que mejor sea para la Institución masónica en general y para su logia en particular. El masón no se escuda en su cargo para cometer una injusticia contra algún hermano, pues se sabe que los francmasones son instruidos y vislumbran con increíble claridad, la línea que separa lo justo de lo injusto. En cada masón hay un Salomón en potencia, capaz de definir: La verdad de la mentira, el castigo del perdón este último si lo valoramos bien es el peor de los castigos …Perdónalos, porque no saben lo que hacen.. Luc. 23:34
Seria necesario para enumerar todas las virtudes que debiese tener un buen masón, muchas páginas; donde explicar la pureza de nuestros actos y la rectitud de nuestras acciones. Lo verdaderamente importante poder decir con el corazón “He cumplido con mi deber, siento la satisfacción de ser un buen masón”.
"Es bueno tener amigos; pero peor es no tener enemigos porque el que enemigos no tiene, es señal que no posee ni talento que haga sombra, ni bienes que se codicien, ni honra de la que murmuren, ni cosa buena que se le envidie"
Marino de Armas
Venerable Maestro de la Respetable Logia Añaza.
(2)- Lemagne Sandó, Héctor. MM.•. GLC.•. publicado por rito york.
23 de abril de 2010
Al nuevo hermano, recién iniciado
Difícil es para un aprendiz adsorber en poco tiempo todo el conocimiento masónico, cuando se desconocen aspectos esenciales de los mismos; no podemos correr sin antes saber caminar con paso firme. No se puede pretender pasar a grados superiores, si no se conocen bien todas las normas, obligaciones y derechos y particularmente las misiones de los anteriores, cada grado tiene su razón de ser.
Todo grado posee esencia, cualidades, deberes y herramientas; en el caso del 1er. Grado del REAA.: o Aprendiz masón:
Tiene como Virtudes: La verdad, la razón, la honradez, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la ética, la moral.
Como Misiones: proteger al débil, amar al prójimo, dominar las pasiones, dedicarse al bien, amar la justicia.
Debe Combatir: el vicio, la mentira, la perfidia, la discordia, la vanidad, el error, el egoísmo, la maldad, la ignorancia, la tiranía, el odio, el fanatismo político y religioso, la superstición, la envidia, la adulación, el servilismo, la inmoralidad.
Empleando como Medios: La ciencia, la justicia, el trabajo, la caridad, el amor al progreso, la sinceridad.
Usando Herramientas: El mazo, el cincel, la regla de 24 pulgadas.
Cumpliendo con sus Obligaciones: Ir puliendo la piedra bruta de su personalidad, para perfeccionarse, adquirir virtudes y desarrollarlas.
Esencia del Aprendiz Masón:
Nos remite al hombre primitivo, ajeno a toda experiencia anterior. Ignorante, ajeno a toda tradición e historia. Indefenso, semidesnudo, sujeto al guía, sus ojos vendados no le dejan ver el mundo que lo rodea, sometido a un examen de introspección como jamás lo imaginó, confiando total y absolutamente en su guía, debiendo responder a preguntas que jamás pensó en tener que contestar y muchas de las cuales no tenía la posibilidad de responder por cuanto corresponden a temas ignorados o nunca imaginados o poco conocidos. “No sabe leer ni escribir”. Debe responder a preguntas que le obligan a buscar en lo más recóndito de su alma las posibles respuestas. Que luego oye que no eran las justas y adecuadas, o sea que no estaba respondiendo como debiera y que sus conocimientos no son lo suficientes para abarcar ese tema.
Se le demuestra que su instrucción y educación profana no son lo suficientemente amplias como para comprender el punto de vista de la masonería sobre las cosas del mundo exterior. Se le enseñan las herramientas que deberá utilizar para perfeccionar su personalidad. Las virtudes que deberá desarrollar y los vicios o defectos que deberá combatir.
Implícitamente, se le hace comprender que ingresa en una institución distinta, donde el saber es otra cosa, que no corresponde con el mundo profano, que deberá rever y revisar su concepto de todo lo que conoce. Planteándose un nuevo “punto de vista” sobre el mundo exterior. Así comprende lo que es masonería.
Se le dan las herramientas que deberá emplear para ello, debiendo comprender el significado simbólico de las mismas, y asimilarlo. Se le induce a “pensar” y resolver de por sí los enigmas que se le plantean, o sea un procedimiento totalmente reflexivo y tendrá un instructor a quien recurrir.
Deberes del Aprendiz Masón:
Cuando se ingresa a la institución, se contraen obligaciones y se obtienen beneficios, esas obligaciones y derechos son para consigo mismo, para con la institución y ante la sociedad de la que formamos parte, pues el masón se encuentra en función de la sociedad a la que pertenece y a la cual se debe moral, material y espiritualmente.
Es por ello que el masón en primer lugar se debe plantear él por qué y el para qué de la institución, agregando el cómo y el cuándo, ya que el quién somos nosotros mismos. Es evidente que quien desea ingresar a la institución, consciente o inconscientemente ya se ha planteado estos análisis introspectivos, que lo han llevado a la determinación de desear ingresar; este análisis podríamos sintetizarlo en las siguientes preguntas: ¿quién soy?, ¿de donde vengo?, ¿Adónde voy?, ¿para que soy?, ¿por qué soy?, ¿qué es el universo?, ¿quién lo creo?, ¿qué es Dios?, ¿qué es la vida?, ¿qué es la muerte?, y muchos otros que no vienen al caso señalar aquí.
Además, habrá analizado los antecedentes que pudo conocer de la institución y sus miembros teniendo una valoración “a priori” sobre el futuro de su formación personal, por consiguiente, ha obrado a propia voluntad, nadie lo obligo a adoptar esta determinación, al contrario de lo que sucede cuando nacemos o cuando desde niños nos imponen una religión o nos inducen a adoptar ciertas ideas políticas o nos inscriben en determinada escuela, o sea que hasta cerca de la madurez estamos influidos por nuestros padres u otras personas que de una forma u otra tienen influencia sobre nuestro futuro y nuestra formación.
Ahora bien ¿todos los que ingresan hallan en la institución lo que creyeron encontrar? ¿Por qué algunos se retiran? ¿Por qué otros al parecer son auto conformistas y permanecen en ella aun no estando del todo conforme con los logros obtenidos será simplemente porque se sienten cómodos, rodeados de buenos amigos, gozando del clima de fraternidad y hermandad, pero sin que se haya producido en ellos esa “simbiosis” que debió de ocurrir?
Es difícil dar una respuesta, pero si podemos llegar a una conclusión si analizamos las causas por las cuales se ingresa a la institución, dejando de lado que haya sido por curiosidad, lo que consideramos absurdo y negativo:
1)-El hombre que llegado a la mayoría de edad y en la plenitud de esas facultades físicas y mentales, analiza y razona sobre los grandes problemas del hombre y de la humanidad, con espíritu critico, pone en duda o no le satisfacen las explicaciones que le aportan la religión como la ciencia sobre el origen y destino del hombre en el universo, y no comprende como tantas religiones y/o pruebas pretenden dar explicaciones que nunca son completas ni satisfacen sus interrogantes plenamente.
2)-El hombre sabe que dentro de la institución estará rodeado por otros que tienen las mismas inquietudes, y por lo tanto piensa que en ese clima de fraternidad y búsqueda de la verdad, se sentirá cómodo y hallara respuesta a sus interrogantes.
3)-El hombre a quien las respuestas del mundo profano para estas interrogantes tanto en lo espiritual como en lo intelectual no le satisfacen sabe que en la institución no encontrará problemas entre sus hermanos, y que será escuchado y escuchará otras opiniones, que aun opuestas a las suyas están regidas por la más absoluta tolerancia y no complacencia.
Así, una vez que ha adoptado la determinación, y llega la noche de su iniciación, comprenderá el profundo significado de muchas palabras que, si bien no le eran desconocidas jamás pensó en su profundo significado. Prueba de ello es que, cuando se le pide su opinión sobre las mismas, debe efectuar –casi invariablemente- largos rodeos para poder dar su significado. Preguntándose qué es la vanidad, qué es la vida, qué significa la muerte, cuáles son sus deberes para con la humanidad, para consigo mismo, para con Dios. Qué espera recibir de la institución y qué podrá dar de sí. O sea un examen introspectivo profundo, como jamás lo imaginó.
También cobraran nuevo y profundo significado para él las palabras envidia, fanatismo, discordia, vanidad, como imperfecciones humanas, y sabrá qué es la virtud y la fraternidad; sabrá que deberá combatir sin tregua el error, el egoísmo y el vicio, como formas del mal a todo lo que oscurece la inteligencia, pervierte el sentimiento y esclaviza la voluntad. Tendrá que aprender a dominar las pasiones, ser desinteresado y dedicarse a la práctica del bien. Sabrá que deberá sostener la virtud contra el vicio, la sinceridad contra la perfidia, la libertad contra la tiranía, y que la razón humana es el único modo de investigación en la búsqueda de la verdad. Definiendo concreta y ampliamente qué es el fanatismo, la virtud, el progreso, la libertad, la igualdad y la fraternidad. Jurando solemnemente no revelar jamás los misterios que le sean revelados y que deberá practicar la fraternidad, así como defender a la orden y a sus hermanos.
Todos estos conceptos, forman una nueva concepción del mundo, del hombre y de la misión que como tal le compete en la sociedad, ante Dios, su Patria y la humanidad entera. Estas enseñanzas son muy particulares, y aunque parezca mentira, no se encuentran en ninguna otra institución profana. Por lo que si aplica estas enseñanzas para sí mismo en un principio, y en su vida de relación después, en poco tiempo notará que su personalidad irá cambiando, dando un nuevo sentido a su vida.
Alcanzando un nuevo concepto de las cosas, a verlas bajo un nuevo punto de vista y se sentirá mas en paz con su conciencia y más útil a la sociedad y al medio en el cual actúa. En esto consiste el simbolismo de “pulir la piedra bruta”, constituyendo éste el paso necesario para poder alcanzar el 2do. Grado de la masonería.
Cuando adquiere conciencia que la ética y la moral, no son simples palabras de diccionario, por el contrario son principios básicos del comportamiento humano en sociedad organizada y que en los últimos años, son desconocidas por gobernantes, funcionarios, políticos y algunos sectores sociales; comprenderá uno de los principales problemas de la sociedad actual y causa consiguiente de muchos de los males que nos aquejan. Completando el desarrollo de su personalidad, al preocuparse por su intelecto, sobre todo en lo relativo al concepto de filosofía, sin dejar de lado un repaso a los sistemas antiguos, particularmente la filosofía hermética, iniciática, la alquimia, la cábala, el ocultismo y los distintos sistemas, para poder comprender mejor la filosofía moderna y racional, llegando a ser un hombre actualizado en la evolución del pensamiento de la humanidad y sobre todo analizando los problemas del mundo actual; de esa manera podrá tener sus propias opiniones en lo político, lo social, lo religioso y lo económico, también en la evolución del mundo científico, siendo un ciudadano, un hombre útil a la sociedad en que vive, formado en una doctrina que debe tratar de comprender y asimilar en su mas amplio significado.
Todo esto esta comprendido en el estudio de los símbolos masónicos y la profunda filosofía contenida en sus rituales en los distintos grados. Caso contrario, de nada vale que haya ingresado a la institución, pues no será útil ni a sí mismo, ni a la institución, ni a la sociedad en que vive.
Nunca debe olvidar que sus principios básicos son: Golpead y se os abrirán las puertas del Templo, Buscad y encontrareis, Pedid y se os dará la luz. Estos tres conceptos básicos, bien interpretados, son la clave de nuestra filosofía. El método educativo utilizado por la masonería deriva de la más remota antigüedad, es inductivo y deductivo, y todo ello emana de los símbolos, que continuamente nos dan nuevas enseñanzas si sabemos interpretarlos. No se trata de dogmas, sino de definiciones evolutivas, que se van perfeccionando con el avance de las ciencias y las artes.
El aprendiz debe utilizar su actividad consciente, su sentimiento, su pensamiento y su voluntad, en aras de este perfeccionamiento de la personalidad que persigue cada grado. Debe también tomar concepto cabal que su posición ante la vida la que puede ser inherente o trascendente. Sobre esta posición, la masonería no puede darle una respuesta, será el mismo quien deberá adoptarla. En el primer caso, será útil solo a sí mismo, podría considerarse como una posición egoísta. En el segundo caso, el hombre trascendente es el verdadero fin de la institución, el hombre que pueda proyectar ante sus semejantes en la sociedad, todos los principios que el Aprendiz Masón debe desarrollar, para su propio bien y el de la humanidad.
Conclusiones:
Los masones no son santos, ni ascetas, ni ermitaños, somos hombres que basados en la ética, predicamos ante el mundo profano la rectitud de proceder, la igualdad ante la ley sin privilegios, el perfeccionamiento de la cultura general de los pueblos mediante su capacitación intelectual, el repudio por los regímenes de fuerza, la guerra, el fanatismo en todas sus formas, y la violencia como contrarios a la razón y denigrantes para la especie humana. Asimismo, amará la justicia con equidad y repudiará las imposiciones dictatoriales. Interiorizando y practicando estos conceptos, se hará un bien a sí mismo en particular y a sus hermanos en general.
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